Denuncias primero, investigación a fondo después: la regulación médica australiana hace que los pacientes asuman el retraso institucional
El organismo regulador de profesionales sanitarios de Australia ya había recibido denuncias relacionadas, pero no fue hasta que la controversia se hizo pública que reexaminó casos antiguos y recopiló gran cantidad de documentación; independientemente del fallo final, este modelo regulatorio de refuerzo a posteriori deja el riesgo y la carga de la prueba en manos de los pacientes.
El organismo regulador de profesionales sanitarios de Australia debe asumir la responsabilidad del retraso en la gestión del riesgo: ya había recibido denuncias contra el ginecólogo Simon Gordon, pero no fue hasta este año que reexaminó las denuncias antiguas, inició nuevas investigaciones y organizó a expertos médicos independientes para revisar miles de historiales clínicos y documentos.
La Australian Broadcasting Corporation (ABC) reveló que varias mujeres acusan a Gordon de haber realizado extirpaciones innecesarias de tejidos u órganos bajo el pretexto de endometriosis grave, mientras que los exámenes patológicos solo hallaron mínimas señales de la enfermedad. Gordon niega estas acusaciones y sostiene que el tratamiento fue ético y basado en el interés de las pacientes; el reportaje no detalla cómo gestionó el organismo regulador cada una de las denuncias anteriores, ni proporciona el número de pacientes, la cantidad de cirugías ni la totalidad de las pruebas médicas.
Pero la propia secuencia regulatoria ya pone en evidencia un desequilibrio de poder. Los médicos y los centros sanitarios controlan el juicio profesional, las historias clínicas y los recursos procedimentales, mientras que las pacientes a menudo solo pueden plantear objeciones tras sufrir consecuencias irreversibles en su cuerpo. Si el regulador no realiza una identificación de riesgos suficientemente profunda en la fase de la primera denuncia, el coste no lo asume la institución, sino que recae sobre las mujeres que fueron intervenidas. El hecho de que ahora se revisen miles de documentos indica que el caso requiere una revisión profesional de gran envergadura; esto también pone de relieve por qué la gestión de las denuncias previas no puede despacharse de forma superficial.
La policía de Victoria ya concluyó la evaluación del material remitido y declaró que, con la información obtenida, no puede continuar la investigación por el momento. Esta decisión no constituye un reconocimiento profesional sobre la conducta médica, ni puede sustituir la responsabilidad regulatoria. El Consejo Médico de Australia (Medical Board of Australia) ha remitido la cuestión de la supuesta mala conducta profesional de Gordon al Tribunal Civil y Administrativo del estado de Victoria, y los procedimientos correspondientes siguen avanzando.
La esencia de este caso no es solo si algún médico asumirá finalmente responsabilidades, sino por qué la regulación sanitaria tuvo que esperar a que una investigación periodística llevara la controversia a la opinión pública para emprender una revisión más amplia de las denuncias antiguas. Un sistema que depende de la remediación posterior a la exposición pública recompensa el silencio institucional, pero obliga a las pacientes a intercambiar pérdidas de salud por atención regulatoria. Cómo establecerá los hechos el tribunal en adelante está aún pendiente del examen procesal, pero la gestión de las denuncias previas por parte del organismo regulador debe formar parte de la revisión de responsabilidades.
Aún no hay comentarios. Inicia la conversación.