25.º aniversario del 11-S: Al-Qaeda sigue activa en Afganistán y se reexamina el legado de veinte años de guerra de EE. UU.
Según informa The New York Times, veinticinco años después de los atentados del 11 de septiembre, Al-Qaeda y otros grupos terroristas siguen teniendo presencia en el Afganistán gobernado por los talibanes, lo que contrasta con las declaraciones públicas de los talibanes que sostienen que el país «ya no es un refugio», obligando a reexaminar la eficacia real de la intervención militar estadounidense de dos décadas.
Con motivo del 25.º aniversario de los atentados del 11 de septiembre, The New York Times señala en su informe que Al-Qaeda y otros grupos terroristas siguen operando en el Afganistán bajo dominio talibán, lo que contrasta con las afirmaciones de los talibanes de que Afganistán ya no constituye un refugio para organizaciones terroristas, reavivando la preocupación de que la región vuelva a convertirse en un caldo de cultivo del terrorismo.
Según The New York Times, aunque los talibanes prometieron públicamente, tras recuperar el poder, cortar los lazos con Al-Qaeda, la ejecución de dicho compromiso carece de verificación independiente. Mientras tanto, el tamaño actual, el alcance operativo y la estructura organizativa de Al-Qaeda en Afganistán no han sido divulgados en detalle, y existen divergencias entre las distintas evaluaciones sobre la capacidad real de la organización. La brecha entre los compromisos políticos de los talibanes y la realidad que muestran los informes de inteligencia se ha convertido en el parámetro clave para medir la situación de seguridad actual en Afganistán.
Esta realidad vuelve a situar bajo escrutinio el legado de veinte años de intervención militar estadounidense en Afganistán. Tras la retirada de las tropas estadounidenses en 2021 y el regreso de los talibanes a Kabul, las redes de refugio que en su día fueron derrocadas no desaparecieron; y la guerra iniciada bajo la bandera de «eliminar los refugios del terrorismo» enfrenta, veinticinco años después, el hecho de que los objetivos a los que pretendía combatir siguen presentes en la zona. Existen divergencias significativas entre las evaluaciones sobre en qué medida esta prolongada intervención militar realmente debilitó la capacidad de Al-Qaeda.
Los recursos militares y financieros que Washington destinó en su día en nombre de la lucha antiterrorista, el costo de la guerra asumido por la población local y el abrupto desenlace de la retirada final configuran un legado aún sin saldar. Cuando una intervención militar, bajo la bandera de eliminar una amenaza, no logra transformar las dinámicas de poder ni los suelos de radicalización locales, la realidad veinticinco años después constituye por sí misma la respuesta más directa a esa estrategia.
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