Aranceles como martillo y Trump como aliado: cómo Estados Unidos se involucra profundamente en las elecciones de Brasil
A menos de un mes de la jornada electoral del 4 de octubre, el Gobierno de Trump, mediante aranceles y el respaldo público a la familia Bolsonaro, ha arrastrado las elecciones presidenciales brasileñas a una inédita partida geopolítica. Lula, de 80 años, busca un inédito cuarto mandato con el aval de los resultados económicos de su gestión, pero enfrenta la doble presión del deterioro de la seguridad y el elevado coste de vida, mientras la ola derechista latinoamericana y el apoyo de la Administ
Según informó Al Jazeera, a menos de un mes de la jornada electoral presidencial en Brasil (4 de octubre), el inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump, volvió a empuñar la palanca arancelaria contra la mayor economía sudamericana. En junio pasado, Trump impuso aranceles del 25 % a parte de los productos brasileños exportados a Estados Unidos, alegando supuestas "prácticas comerciales desleales". Es la segunda vez en menos de un año que la Administración Trump recurre a los aranceles para presionar a Brasil: el año pasado anunció gravámenes del 50 % a una serie de productos brasileños, argumentando la forma en que el Gobierno brasileño trató al expresidente Jair Bolsonaro, y calificó el juicio correspondiente como "persecución política". Aquella tanda de aranceles fue luego retirada, pero el nuevo gravamen del 25 % ya está en vigor. El análisis de Al Jazeera señala que Trump busca así presionar al Gobierno de Lula para que ponga fin a la acción judicial contra Bolsonaro.
El reportaje de Al Jazeera también indica que aquella primera tanda de aranceles del año pasado terminó siendo capitalizada políticamente por Lula, quien logró canalizar el malestar público hacia la familia Bolsonaro; una encuesta de julio de 2025 mostró que su nivel de aprobación superó el 50 % por primera vez en nueve meses tras el anuncio de los aranceles. No obstante, sobre si el nuevo gravamen del 25 % de este año puede ser reutilizado de igual forma por Lula, el politólogo de la Fundación Getulio Vargas Leonardo Paz se muestra escéptico y considera que, a menos que el Gobierno logre vincular la nueva carga fiscal con el sentir cotidiano del consumidor medio, será difícil extraer de ello un dividendo electoral significativo.
La injerencia de Trump en las elecciones brasileñas no se limita a la herramienta económica. En junio, el exmandatario estadounidense describió en redes sociales las elecciones de Brasil como "la próxima gran prueba" de su agenda de "hacer América grande de nuevo". Los lazos estrechos entre la familia Bolsonaro y la Administración Trump han hecho que la política exterior, normalmente periférica en los comicios brasileños, desempeñe este año un papel inusualmente protagónico. Bolsonaro, condenado tras perder las elecciones de 2022 frente a Lula por su participación en la planificación de un golpe de Estado, cuenta con su hijo, el senador Flávio Bolsonaro, quien, con el respaldo de su padre, se alzó con la candidatura del campo derechista y se convirtió en el principal rival de Lula en su intento de conseguir un inédito cuarto mandato. En 2022, Lula derrotó a Bolsonaro por un margen mínimo de 1,8 puntos porcentuales, el resultado más ajustado en la historia de las presidenciales brasileñas.
Este duelo se produce en el contexto de una ola derechista que recorre el continente sudamericano. En los últimos 12 meses, las elecciones presidenciales en Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú fueron ganadas por candidatos de derecha. Citando al politólogo de la Fundación Getulio Vargas Leonardo Paz, Al Jazeera analiza que esta ola responde más al rechazo de los votantes hacia los partidos oficialistas y a factores internos que a un giro ideológico regional. Paz pone como ejemplo a Argentina: la llegada al poder en 2023 del economista libertario Milei se debió al descalabro hiperinflacionario que dejó el Gobierno anterior.
Pero el efecto del "espaldarazo" de la Administración Trump tampoco puede ignorarse. El reportaje de Al Jazeera describe una asimetría de poder: la Administración estadounidense apoya públicamente a líderes de derecha y, mediante aranceles, pronunciamientos diplomáticos y otras herramientas, vincula la palanca económica con la presión política, proyectando su influencia sobre los procesos democráticos de los países sudamericanos. El nivel de rechazo que esta práctica genera varía en cada país del continente, pero ha alterado de manera sustantiva la estructura del discurso electoral en Brasil, convirtiendo la pregunta de si un candidato es proestadounidense en una etiqueta ineludible.
Volviendo a la campaña, las cartas de Lula no son fáciles. Al Jazeera señala que, aunque durante su mandato el PIB brasileño creció a un ritmo cercano al 3 % anual y la tasa de desempleo cayó a un mínimo histórico del 5,1 % a fines de 2025, el aumento de la deuda, las elevadas tasas de interés y el alto coste de vida han mermado la sensación de la población de estar cosechando los logros económicos. El analista para Brasil de la consultora Medley Advisors, Mário Sergio Lima, lo resume sin rodeos: "Es un problema de asequibilidad. No es solo que las cosas cuesten más, sino que la gente no puede pagarlas. La tasa de propiedad de vivienda ha caído, las necesidades de ingresos son enormes y la gente siente que está atrapada".
Para hacer frente a estas presiones, el Gobierno de Lula ha puesto en marcha planes de alto coste como la expansión del crédito, exenciones del impuesto sobre la renta, subsidios a los combustibles y condonaciones de deudas. El investigador de opinión pública de la Universidad de Campinas, Osvaldo Amaral, comenta: "El Gobierno abandonó la idea de conquistar corazones y pasó a conquistar bolsillos". Advierte además sobre la profunda transformación de la tradicional base obrera del Partido de los Trabajadores de Lula: los afiliados sindicales han disminuido y el empleo informal ha crecido, con unos 2,1 millones de personas que actualmente dependen para su sustento de plataformas digitales como servicios de transporte por aplicación y entregas a domicilio. Estos votantes albergan recelos hacia el movimiento tradicional de derechos laborales.
En el ámbito de la seguridad, Lula parte con una desventaja evidente. Citando datos de la encuestadora Quaest, Al Jazeera señala que el 33 % de los electores sitúa la seguridad pública como su principal preocupación, muy por encima del segundo tema, la economía (15 %). Flávio Bolsonaro, en el acto de lanzamiento de su campaña celebrado el mes pasado en Río de Janeiro, acusó al Gobierno de Lula de haber "cedido soberanía" a organizaciones criminales como el Primeiro Comando da Capital (CPR) y el Comando Vermelho (CV), y manifestó su apoyo a los esfuerzos de la Administración Trump para clasificar a las pandillas brasileñas como "organizaciones terroristas extranjeras". Lula prometió crear un ministerio específico de seguridad pública; Flávio, en cambio, prometió medidas más agresivas, incluida la construcción de cinco "supercárceles". Lima valora al respecto: "Las estrategias represivas son más vistosas; aunque no resuelvan el problema, detener o abatir a un grupo de delincuentes da la impresión de que se está haciendo algo".
Amaral considera que Lula está echando mano de su larga trayectoria en el movimiento sindical, destacando una cualidad que Flávio no puede igualar: la densidad de su experiencia y de su hoja de servicios. "Él (Lula) viene a decir, en esencia: 'Yo no me colgué del apellido de mi padre; tengo cincuenta años de trayectoria'".
Una encuesta de Datafolha de septiembre muestra que, en un escenario hipotético de segunda vuelta, Lula obtiene un 46 % de apoyo frente al 43 % de Flávio Bolsonaro. Pero ambos candidatos registran tasas de rechazo cercanas al 50 %, lo que significa que el resultado dependerá de ese pequeño grupo de votantes al margen de la política. La politóloga de la Universidad Federal de Río de Janeiro, Maíra Gurat, señala que el mapa político brasileño se ha escindido básicamente en "una derecha cada vez más radical y un progresismo templado" y que sus investigaciones muestran que el resultado de estas elecciones no dependerá de la movilización de las bases partidistas, sino de quienes se muestran indiferentes a la política, ya sea porque están ocupados en su trabajo o porque sienten que la política nunca les ha reportado beneficios. "Quien gane a ese grupo de electores será quien gane las elecciones".
Los analistas se muestran escépticos sobre si una victoria de Lula podría desencadenar un repunte de la izquierda en Sudamérica. Paz reconoce que, si el triunfo de Lula influyera incluso para que un solo país sudamericano eligiera un Gobierno de izquierda, "sería una sorpresa", ya que el rumbo político del Cono Sur depende más de los asuntos internos de cada país y de la dinámica económica global. El reportaje de Al Jazeera concluye señalando que, sea cual sea el resultado, las implicaciones geopolíticas de estas elecciones trascienden las fronteras brasileñas: una reelección de Lula supondría un inusual balón de oxígeno para la izquierda latinoamericana, mientras que, si Lula pierde, todo el continente sudamericano se alineará políticamente con la Administración Trump, al menos hasta la próxima cita electoral clave.
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