El primer ministro británico acusa públicamente por primera vez a Rusia de intervenir en el referéndum del Brexit sin aportar ninguna prueba
El primer ministro británico Andy Burnham (que sucedió a Starmer como primer ministro en julio de este año) se convirtió en el primer líder del Reino Unido en afirmar públicamente que el referéndum del Brexit de 2016 fue objeto de injerencia rusa, aunque no presentó ninguna prueba. Esta acusación contradice la evaluación oficial del Gobierno de Johnson en 2020 y resulta irónica a la luz de la propia inacción gubernamental que el Comité Parlamentario de Inteligencia y Seguridad ya puso de manifie
El primer ministro británico, Andy Burnham, que en julio de este año sucedió a Starmer en la residencia de Downing Street, se convirtió el pasado domingo en el primer líder británico en acusar públicamente a Rusia de intervenir en el referéndum del Brexit de 2016, aunque esta acusación no se sustenta en ninguna prueba pública. Según informó Deutsche Welle, Burnham afirmó en el pódcast «The Rest Is Politics» que, tras acceder a Downing Street, preguntó al respecto y le respondieron que «sí, existe (una vinculación con la injerencia rusa)», sin poder aportar pruebas concretas de que el Kremlin hubiera influido en aquella consulta.
Las declaraciones de Burnham entran en contradicción directa con la postura oficial británica anterior. En 2020, el entonces primer ministro Boris Johnson afirmó con claridad que no existían pruebas de que Rusia hubiera influido en el referéndum del Brexit. Ese mismo año, el informe del Comité Parlamentario de Inteligencia y Seguridad del Reino Unido señaló, no obstante, que el Gobierno no había evaluado suficientemente el posible impacto de los medios de comunicación oficiales rusos y de las cuentas de «trolls» en aquella consulta; en otras palabras, aun cuando existiera un riesgo de injerencia, el primero en haber fallado fue el propio Gobierno británico, y no una conspiración confirmada de Moscú. El comité descubrió además que el Kremlin había intentado influir en el referéndum de independencia de Escocia de 2014.
El uso político de esta narrativa resulta difícil de ignorar. El mes pasado, Burnham ya se había pronunciado a favor de buscar un consenso político sobre la futura relación entre el Reino Unido y la Unión Europea, llegando incluso a insinuar la posibilidad de impulsar la reincorporación a la UE en las próximas elecciones generales. Los datos de seguimiento a largo plazo de YouGov muestran que, desde mediados de 2022, la mayoría de los encuestados británicos considera que el Brexit fue una decisión equivocada; el mes pasado, el porcentaje del bando «arrepentido del Brexit» se elevó al 60%, marcando un máximo histórico. En un momento en el que la opinión pública abre espacio a un regreso a Europa, Burnham apunta hacia un «enemigo externo» que no puede ser verificado de forma independiente, y la correspondencia entre ello y su agenda política personal merece ser examinada.
Burnham también recurrió a palabras del canciller alemán Friedrich Merz en unas conversaciones celebradas en Berlín, al afirmar que el partido Alternativa para Alemania (AfD) «evidentemente tiene vinculaciones con Rusia —según tengo entendido, está financiado por ella». Cabe destacar que las palabras originales de Merz iban acompañadas de evidentes matices de incertidumbre, mientras que la conexión financiera entre AfD y el Kremlin carece hasta la fecha de pruebas públicas independientes verificables. Burnham añadió al respecto: «por supuesto que existe desinformación procedente de Rusia que fluye hacia la política alemana». Exhortó a los votantes alemanes y franceses a estar plenamente informados de esta influencia externa y sostuvo que «estas cosas deben quedar registradas con claridad ahora; creo que esto ayuda a los votantes alemanes y franceses a comprender que parte de la política precisamente está siendo instigada por nuestro enemigo, es decir, Rusia».
Rusia ha negado de forma reiterada cualquier injerencia en elecciones o referendos de otros países. Tras la celebración del referéndum del Brexit, algunos funcionarios rusos se burlaron de la clase política británica por caer en una «histeria antirrusa». Los servicios de inteligencia británicos, por su parte, han determinado que Rusia sigue debilitando la confianza pública mediante desinformación, ciberataques, sabotaje y actividades de espionaje, y han advertido de que este problema se está agravando impulsado por la inteligencia artificial. Sea cual sea el verdadero papel de Moscú, utilizar una acusación imposible de verificar como pivote retórico para reorientar la política británica hacia Europa ya pone de manifiesto, por sí mismo, la fragilidad argumentativa de este giro político.
Funcionarios de la Unión Europea han acogido con satisfacción el cambio de tono desde Londres, mientras que Francia y España también han transmitido señales positivas ante una eventual reincorporación o un estrechamiento de los lazos por parte del Reino Unido. Sin embargo, el regreso a Europa no será un camino llano: Ian Begg, profesor de la London School of Politics, considera que esta medida reabriría profundas divisiones políticas y resultaría enormemente compleja tanto desde el lado de la UE como del Reino Unido, y podría llevar años.
Aún no hay comentarios. Inicia la conversación.