Estados Unidos atraviesa el verano más caluroso en 132 años; la quema de combustibles fósiles y la parálisis política llevan la crisis climática a un nuevo punto crítico
Según informó Al Jazeera, datos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos muestran que el verano de 2026 se convirtió en el verano más cálido en los 132 años de registros meteorológicos del país, con una temperatura promedio de 23,6 °C en los 48 estados contiguos, y la sequía ya cubre aproximadamente el 59 % del territorio. La Organización Meteorológica Mundial advierte que el fenómeno de El Niño en intensificación podría convertirse en uno de los más fuertes en casi
Estados Unidos acaba de atravesar el verano más caluroso en los 132 años de registros meteorológicos. Según datos publicados por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) el 9 de septiembre, citados por Al Jazeera, entre junio y agosto de este año la temperatura promedio en los 48 estados contiguos alcanzó los 23,6 °C (74,4 °F), 1,7 °C por encima del promedio del siglo XX y 0,2 °C más alta que el récord que compartían 1936 y 2021. La temperatura promedio de agosto, en particular, también batió un récord histórico al llegar a 24,2 °C (75,6 °F).
La frecuencia con que se baten récords se está acelerando. Al Jazeera informó que, de los cinco veranos más calurosos registrados en Estados Unidos, cuatro han ocurrido en los últimos cinco años. El récord de 1936 nació en la época del "Dust Bowl" de las Grandes Llanuras —cuando una sequía extrema sumada a prácticas de cultivo destructivas provocó una catástrofe ecológica—; en cambio, el contexto en que ahora se reescriben los récords es una era en la que la humanidad tiene un conocimiento científico pleno de los mecanismos climáticos y dispone de tecnologías renovables maduras. La NOAA atribuye esta tendencia de calentamiento más amplia principalmente a la quema continua de combustibles fósiles. Como uno de los países con la mayor huella histórica de emisiones de carbono a nivel global, la parálisis política de Estados Unidos en la transición energética se está midiendo en tiempo real a través de la curva de temperaturas.
Las olas de calor y la sequía se propagan de forma simultánea. Según informó Al Jazeera, al 1 de septiembre aproximadamente el 59 % del territorio continental de Estados Unidos atravesaba condiciones de sequía, más de 10 puntos porcentuales por encima del mes anterior. Texas y Oklahoma recibieron en agosto menos del 30 % de las lluvias habituales, mientras que la sequía continúa intensificándose en partes de las Grandes Llanuras, el Medio Oeste y el sur. Entretanto, el desequilibrio regional de los patrones climáticos también resulta marcado: Indiana y Ohio registraron en agosto las mayores precipitaciones de su historia, aproximadamente el doble de lo habitual, un contraste marcado con la sequía de las Grandes Llanuras. La NOAA prevé que en septiembre la mayor parte de Estados Unidos seguirá siendo más cálida de lo normal; en algunas zonas la sequía podría persistir o agravarse, y el noroeste, el medio oeste y el sur enfrentan un riesgo elevado de incendios forestales importantes.
Las alertas a escala global también se están intensificando. Celeste Saulo, jefa de la Organización Meteorológica Mundial, declaró a los medios que el fenómeno de El Niño, actualmente en intensificación, podría convertirse en uno de los eventos más intensos en los aproximadamente cuarenta años de monitoreo de la organización, y se prevé que se extienda hasta principios de 2027. Afirmó sin rodeos: "Si esta tendencia continúa, podría ser más fuerte que cualquiera desde que comenzamos a monitorearlo; es decir, estaría más allá del rango de las gráficas que hemos utilizado en los últimos cuarenta años". Al Jazeera, citando a la comunidad científica, señaló que, aunque El Niño es en sí un fenómeno natural, en un contexto en el que la quema de combustibles fósiles ya ha elevado de forma sostenida las temperaturas globales, este fenómeno amplificará aún más la frecuencia e intensidad de temperaturas extremas, sequías e inundaciones.
Para los agricultores cuyos cultivos se ven afectados en el campo, las familias urbanas de bajos ingresos que enfrentan el alza de las tarifas eléctricas y los trabajadores al aire libre cuyos riesgos de salud se disparan, cada vez que se bate un récord climático se traduce directamente en un mayor costo de vida. Cuando el verano más caluroso deje de ser un hecho aislado y se convierta en la nueva normalidad, quienes asumirán el costo no serán los balances de las empresas de combustibles fósiles, sino las familias comunes.
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