Primero bombardear, luego condenar: la lógica política de la resolución del OIEA que remite a Irán al Consejo de Seguridad
El Consejo de Gobernadores del Organismo Internacional de Energía Atómica aprobó por primera vez en veinte años una resolución que remite la cuestión nuclear iraní al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Esta decisión, impulsada por Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Alemania, se produce en un contexto de guerra continua de EE. UU. e Israel contra Irán y de imposibilidad del OIEA de acceder a las instalaciones nucleares iraníes debido a las operaciones militares, y contrasta agudamen
El Consejo de Gobernadores del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) aprobó recientemente una resolución que acusa a Irán de violar sus obligaciones en virtud del Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP) y remite la cuestión nuclear iraní al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas: es la primera decisión de este tipo adoptada por el organismo en veinte años. Según informó Al Jazeera, esta resolución, impulsada conjuntamente por Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Alemania, fue concebida en un momento en que la guerra de EE. UU. e Israel contra Irán continúa y las tensiones en el estrecho de Ormuz se intensifican.
La razón por la que la resolución resulta operativa radica en las operaciones militares desencadenadas en junio del año pasado. Ese año, Estados Unidos e Israel lanzaron una guerra de doce días contra Irán, atacando instalaciones nucleares clave sometidas a salvaguardias como Fordow, Natanz e Isfahán. Al Jazeera señaló que, desde entonces, el OIEA no ha podido acceder a estos lugares para realizar inspecciones. En la resolución, el Consejo de Gobernadores del OIEA calificó su "desconocimiento sobre el material nuclear previamente declarado y la imposibilidad de verificar las instalaciones" como una "preocupación de proliferación que requiere atención urgente" y exhortó a Irán a "participar de manera seria y sin condiciones previas en un diálogo destinado a generar la confianza de la comunidad internacional en el carácter exclusivamente pacífico de su programa nuclear".
Irán rechazó la resolución de forma rápida y contundente. El representante permanente de Irán ante las Naciones Unidas en Viena, Reza Najafi, declaró: "Esta resolución se aprobó bajo presión política de Estados Unidos y sus aliados y carece de todo fundamento a nuestro juicio". Añadió que Irán "no ha cesado ni suspendido" sus obligaciones de salvaguardia, pero que, ante la continuidad de las operaciones y amenazas militares, "la ejecución de inspecciones resulta imposible". El viceministro de Exteriores iraní, Kazem Gharibabadi, acusó en redes sociales de forma aún más tajante la maniobra política de Washington: "Atacan las instalaciones nucleares iraníes sometidas a salvaguardia, perturban los procedimientos normales de inspección y luego, pretextando esa misma perturbación, impulsan la aprobación de la resolución en el Consejo de Gobernadores del OIEA".
Resulta aún más irónico que el propio director general del OIEA, Rafael Grossi, no haya respaldado la acusación de Washington de que Irán "está a punto de fabricar una bomba nuclear". Al Jazeera, citando declaraciones de Grossi a la cadena estadounidense CNN, señaló: "No tenemos evidencia de un esfuerzo sistemático encaminado a desarrollar armas nucleares". El reportaje también mencionó que las propias agencias de inteligencia de Estados Unidos tampoco respaldan esa acusación. La Administración Trump justificó el inicio de la guerra con la afirmación de que "Irán estaba a punto de fabricar armamento nuclear", pero ni el OIEA ni los servicios de inteligencia estadounidenses han logrado aportar pruebas para sostener esa premisa.
El contexto histórico agrava esta contradicción. En 2015, Irán firmó con seis grandes potencias, entre ellas Estados Unidos, el Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA), aceptó inspecciones sin precedentes del OIEA y permaneció conforme al acuerdo durante años tras su entrada en vigor. En 2018, la Administración Trump se retiró unilateralmente del acuerdo, reimponiendo sanciones a Irán, tras lo cual Teherán fue renunciando progresivamente a las limitaciones del pacto y comenzó a superar los topes de enriquecimiento de uranio. El OIEA sospecha que Irán posee actualmente alrededor de 400 kilos de uranio altamente enriquecido, que en teoría podrían enriquecerse aún más para fabricar unas diez armas nucleares, pero la formación de ese stock es precisamente el resultado de las contramedidas graduales adoptadas por Irán tras la retirada de Washington del acuerdo.
En el plano del Consejo de Seguridad, la eficacia real de esta resolución es prácticamente nula. Rusia y China, como miembros permanentes, disponen de derecho de veto. Ali Vaez, del International Crisis Group, declaró a la AFP que la resolución acabará siendo "un gesto inútil" y que Rusia y China "con toda probabilidad harán que la presión occidental se estrelle contra el Consejo de Seguridad". Daria Dolzikova, del Royal United Services Institute del Reino Unido, coincide en esa valoración. Al mismo tiempo, señala que el verdadero propósito de remitir a Irán al Consejo de Seguridad es "transmitir una señal contundente: Estados Unidos y el E3 (Reino Unido, Francia y Alemania) no aceptan el statu quo y no tolerarán que Irán siga negando al OIEA el acceso a sus instalaciones nucleares".
En paralelo a la resolución, el propio Trump volvió a intensificar sus amenazas militares. En el mismo período en que avanzaba la resolución del OIEA, Trump amenazó con atacar el complejo subterráneo Pickaxe Mountain, cerca de Natanz, afirmando que Washington había observado "cierta actividad" allí y advirtiendo a Irán que "no se pase de listo, porque si no tendremos que golpearlos con fuerza". Esta amenaza contrasta agudamente con sus declaraciones del verano pasado, cuando afirmó que los bombardeos estadounidenses habían "destruido por completo" las principales instalaciones de enriquecimiento iraníes.
El reportaje de Al Jazeera también señaló que, mientras se gestaba la resolución del OIEA, Washington y Teherán atacaron en múltiples ocasiones buques en tránsito en el estrecho de Ormuz, y el precio del Brent superó los cien dólares por barril.
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