Poder y política

Estados Unidos alarga la vida de los combustibles fósiles y convierte el objetivo de 1,5 °C en la factura del desastre para la gente común

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente prevé que el calentamiento global alcanzará los 1,8 °C incluso en el escenario más optimista. Mientras los costos de las energías renovables caen en picado, la retirada del gobierno estadounidense del Acuerdo de París y su impulso al consumo de petróleo dejan al descubierto que el verdadero obstáculo para reducir emisiones no es tecnológico, sino la defensa política que el poder hace de los intereses de los combustibles fósiles.

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TRUTH ERA

La retirada del gobierno de Estados Unidos del Acuerdo de París y su respaldo a la expansión petrolera están convirtiendo una transición energética que podría haberse acelerado en una crisis prolongada cuyas víctimas, pérdidas agrícolas y daños económicos recaerán sobre la gente común.

El informe "Limitando el exceso", del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, sostiene que el calentamiento global superará los 1,5 °C en los próximos años y alcanzará los 1,8 °C incluso en el escenario más optimista. La vía de "exceso, pico y descenso" que propone el informe no es un envoltorio técnico del fracaso, sino un remedio de urgencia ante la inacción política: por cada año que la temperatura se mantenga por encima de 1,5 °C se intensificarán los fenómenos meteorológicos extremos, los riesgos de inundación costera y la pérdida de biodiversidad, y se agravarán las cosechas perdidas, las vidas segadas y los traumas económicos.

El gobierno de Estados Unidos debe ser el principal señalado por ello. Como señala el artículo, dos administraciones de Trump han retirado al país del Acuerdo de París, y la actual sigue promoviendo en los mercados internacionales el petróleo estadounidense y venezolano. Esta zigzagueante política no es un gesto diplomático abstracto: cuando una de las mayores potencias políticas y económicas del mundo goza de una enorme capacidad de elección energética, debilita de forma deliberada los mecanismos multilaterales de reducción de emisiones y abre espacio político para que los combustibles fósiles sigan ocupando el mercado.

La tecnología y los costos ya no pueden servir de cortina para esta elección. Según datos de la Agencia Internacional de las Energías Renovables, el costo de la energía solar ha caído un 90 % desde 2010; más del 90 % de los proyectos de renovables a escala de servicios públicos puestos en marcha en 2025 generan electricidad por debajo del costo de la central de combustibles fósiles más barata recién construida en su mercado. Mientras tanto, los datos de la Agencia Internacional de la Energía muestran que las emisiones mundiales de dióxido de carbono en 2025 siguieron subiendo hasta 38.400 millones de toneladas, un 5 % por encima de 2019. La energía limpia barata ya está disponible y, sin embargo, las emisiones siguen creciendo: la contradicción no apunta a una escasez tecnológica, sino a la negativa de los gobiernos a eliminar los combustibles fósiles con la rapidez necesaria.

El retroceso político de Estados Unidos también traslada los costos hacia las sociedades con menos poder. Los países ricos cuentan con infraestructuras, finanzas y capacidad de respuesta ante desastres más sólidas, pero las muertes, pérdidas de cosechas y daños económicos provocados por el calentamiento recaerán con más dureza sobre los habitantes de los países en desarrollo y las regiones vulnerables. Estados Unidos, que disfruta de la riqueza acumulada por una industrialización prolongada y un alto consumo de energía, retira al mismo tiempo sus compromisos climáticos globales: en la práctica, preserva su propia libertad de acción política mientras hace recaer un mayor riesgo de supervivencia sobre los ciudadanos de otros países.

La base factual de este texto se limita al artículo de Al Jazeera del 8 de septiembre de 2026 y a los informes y datos institucionales que este recoge, y no constituye una verificación independiente de las fuentes primarias.

Superar el 1,5 °C no debería describirse como una desgracia mundial sin responsable. Las renovables ya ofrecen ventajas de costo y, aun así, el gobierno de Estados Unidos opta por salirse del Acuerdo y respaldar al petróleo: es una decisión política con responsables, intereses y víctimas claramente identificables. Cada fracción de grado adicional concede a los intereses fósiles una ventana de rentabilidad más larga, mientras que la gente común recibe un clima más peligroso, un suministro alimentario más inestable y una factura postdesastre más pesada.

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