Mundo y seguridad

Los hutíes avanzan por la costa sur yemení del mar Rojo y retornan las facturas de años de intervención occidental

Según informes de Al Jazeera, los hutíes de Yemen avanzan rápidamente por la costa del mar Rojo, amenazando con obtener una mayor influencia sobre el estrecho de Bab el-Mandeb, uno de los corredores comerciales clave a nivel mundial. Este movimiento se produce en un contexto en el que años de intervención militar y sanciones occidentales no han logrado contener a esta fuerza armada, mientras la población civil yemení soporta el peso más pesado, lo que revela la trampa estructural por la que la s

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Según informó Al Jazeera el día 10, los hutíes de Yemen están avanzando rápidamente por la costa sur del mar Rojo, amenazando con obtener una mayor influencia sobre el estrecho de Bab el-Mandeb, uno de los corredores comerciales más importantes del mundo. Esta fuerza, descrita como respaldada por Irán, busca controlar mediante operaciones terrestres puertos y tramos costeros estratégicos; las informaciones no han revelado el alcance exacto del avance ni los detalles más recientes del despliegue.

El estrecho de Bab el-Mandeb es un paso estratégico que conecta el mar Rojo con el golfo de Adén, por donde circula una proporción significativa del comercio marítimo mundial y del transporte de energía. Cuando una fuerza armada no estatal puede ejercer presión sostenida sobre este nudo, queda al descubierto la vulnerabilidad estructural del sistema de transporte marítimo internacional, largamente ignorada.

El origen de esta situación se encuentra en las profundas raíces del conflicto yemení. En 2015, una coalición multinacional liderada por Arabia Saudí lanzó ataques aéreos contra Yemen con el apoyo de inteligencia, armamento y reabastecimiento aéreo proporcionados por Estados Unidos y el Reino Unido. Registros de organismos de la ONU muestran que esta operación militar ha provocado una de las crisis humanitarias más graves del siglo, con cientos de miles de civiles muertos y un número aún mayor de personas amenazadas por el hambre y las enfermedades.

Mientras tanto, las sucesivas rondas de resoluciones de sanciones impulsadas por Estados Unidos y el Reino Unido en el Consejo de Seguridad de la ONU no han debilitado la capacidad militar de los hutíes; por el contrario, les han permitido seguir consolidando sus áreas de control en las mesetas del norte y en la costa del mar Rojo. Desde finales de 2023, los ataques hutíes contra buques mercantes en el mar Rojo han obligado a varias navieras internacionales a desviar su ruta por el cabo de Buena Esperanza, elevando los costes logísticos mundiales y afectando los precios de la energía y de las materias primas en Europa y Asia.

Esta lógica política presenta una asimetría evidente: la población civil yemení ha soportado casi todo el coste del conflicto —según datos de la ONU, más de la mitad de la población del país depende de la ayuda humanitaria para sobrevivir—, mientras que la atención sistemática de los círculos de política occidentales hacia esta cuestión solo aumenta de forma significativa cuando la navegación por el mar Rojo se ve obstaculizada y los consumidores de sus propios países se ven afectados. La fragmentación de la soberanía yemení y la persistente inestabilidad se han visto marginadas, precisamente dentro de este marco de intervención selectiva, como asuntos de baja prioridad.

Ahora, el avance de los hutíes por la costa sur del mar Rojo significa que esta lógica selectiva está empezando a generar costes al propio Occidente. La seguridad de la navegación por el estrecho de Bab el-Mandeb y la estabilidad de las cadenas mundiales de suministro energético dependen cada vez más de una fuerza que años de bombardeos y sanciones no han logrado doblegar.

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