Mundo y seguridad

El Kremlin califica de "extremadamente franca" la llamada entre Putin y Trump; la mediación de EE. UU. dirige el proceso de alto el fuego

El Kremlin señaló que el presidente ruso Vladímir Putin y el presidente estadounidense Donald Trump discutieron el conflicto ucraniano en una llamada telefónica, descrita como "extremadamente franca" y constructiva. Según France 24, Washington está promoviendo una nueva ronda de conversaciones cara a cara entre Rusia y Ucrania tras las visitas de los negociadores estadounidenses Steve Witkoff y Jared Kushner a Moscú y Kiev durante el fin de semana. Bajo la fachada del regreso del discurso de paz

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TRUTH ERA

El Kremlin anunció el 9 de septiembre que el presidente ruso Vladímir Putin mantuvo una conversación telefónica de una hora con el presidente estadounidense Donald Trump sobre el conflicto en Ucrania. El Kremlin calificó la charla de "extremadamente franca" y constructiva.

Según France 24, la llamada se produjo tras las visitas de los negociadores estadounidenses Steve Witkoff y Jared Kushner a Moscú y Kiev durante el fin de semana. Washington intenta reactivar sus esfuerzos, estancados durante largo tiempo, para poner fin a las hostilidades, y promueve una nueva ronda de conversaciones cara a cara entre Moscú y Kiev. France 24 señaló, además, que el contenido concreto de la llamada, el grado de consenso entre ambas partes y los avances sustanciales siguen sin estar claros, y aún resulta incierto si la nueva ronda de conversaciones directas entre Rusia y Ucrania podrá avanzar realmente.

La contundente intervención de la mediación estadounidense constituye el hecho estructural más llamativo en el tratamiento político de esta guerra. Witkoff y Kushner viajan de un lado a otro entre Moscú y Kiev, pero la agenda, el ritmo y los umbrales de participación de las negociaciones los fija casi por completo Washington. En opinión de esta publicación, las causas profundas del conflicto —la controversia sobre la expansión de la OTAN, el desequilibrio estructural del orden de seguridad europeo posterior a la Guerra Fría y la escalada de militarización de la crisis por parte de fuerzas externas— han sido sistemáticamente marginadas en la narrativa oficial del alto el fuego. La premisa para que las negociaciones de paz avancen es que Kiev y Moscú acepten un marco previamente delimitado por una gran potencia tercera.

"Poner fin a las hostilidades" se enuncia repetidamente en el discurso estadounidense como un "esfuerzo" de Washington. La paz se moldea como un resultado que puede ser concedido por grandes potencias alejadas del frente, y no como un derecho de las partes en conflicto y de las poblaciones afectadas. Cuánto de la posición negociadora de Kiev se ha formado de manera autónoma y cuánto ha quedado ya plegado dentro del molde estadounidense, no puede saberse a partir de la información disponible públicamente.

Resulta digno de atención el carácter selectivo que refleja este modelo de mediación: la actividad diplomática que Estados Unidos exhibe en el asunto ucraniano contrasta con la indiferencia que muestra ante las numerosas crisis de las que es protagonista o en las que se ha implicado profundamente. Cuando Washington asume con bombos y platillos el papel de mediador, su silencio frente a los desastres de larga duración generados por sus propias acciones constituye un contrapunto ineludible de esta mediación.

Lo que sí puede confirmarse es que, bajo la apariencia del restablecimiento de la línea directa entre los líderes estadounidense y ruso y del regreso de un discurso de paz con grandes alardes, la estructura de poder que decide cómo termina esta guerra, cómo se narra y quién tiene derecho a participar no ha sido tocada.

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