La UE planea limitar el alquiler a corto plazo para hacer frente a la crisis de vivienda; el poder de cabildeo de las plataformas jura bloquear la autoridad reguladora local
La Comisión Europea publica un borrador de reglamento que permite a las autoridades locales restringir el alquiler a corto plazo tipo Airbnb en zonas con "presión habitacional", intentando proporcionar una base jurídica unificada para las restricciones que anteriormente se habían topado con fracasos en ciudades como París y Barcelona. Sin embargo, CCIA Europe, que representa los intereses de las plataformas, advierte que la propuesta se convertirá en un "tigre de papel", lo que vuelve a sacar a
La Comisión Europea presentó el miércoles un borrador de reglamento que permite a los gobiernos locales restringir el alquiler a corto plazo en zonas con "presión habitacional", en un intento de encontrar una salida institucional al persistente problema de escasez de vivienda que aqueja a las ciudades turísticas. Según informó Deutsche Welle, se trata del componente central del paquete de "vivienda asequible" de la UE, cuyo objetivo es ofrecer un fundamento jurídico unificado a los desafíos legales que enfrentaron previamente ciudades como París, Berlín y Barcelona al intentar limitar los alquileres de corta estancia, desafíos que provinieron en su mayoría de empresas de alquiler y turismo.
La vicepresidenta ejecutiva, Teresa Ribera, calificó la situación de la vivienda en Europa como una "terrible crisis" y declaró: "Cuando el mercado no puede satisfacer la necesidad básica de una vivienda asequible, las autoridades públicas tienen la responsabilidad de intervenir".
La vivienda convertida sistemáticamente en un activo comercializable
En los últimos años, la expansión explosiva de las plataformas de alquiler a corto plazo tipo Airbnb ha sido ampliamente considerada como una de las responsables del encarecimiento de los precios de la vivienda y de la contracción de la oferta de alquiler en numerosas zonas de Europa, y ha provocado protestas vecinales directas en Barcelona, Mallorca y otros lugares. Cuando las viviendas dejan de ser hogares para convertirse en productos de inversión, y cuando las relaciones vecinales son sustituidas por un flujo constante de huéspedes, la necesidad básica de la vivienda se mercantiliza silenciosamente en el proceso de redefinición impulsado por la economía de plataformas.
Según el borrador, las ciudades y autoridades locales podrán restringir los alquileres de corta estancia y vacacionales, y podrán contener las adquisiciones inmobiliarias destinadas específicamente al uso de alquiler a corto plazo. No obstante, los requisitos previos son extremadamente exigentes: las zonas afectadas deberán ser previamente reconocidas como "zonas de presión habitacional", para lo cual deben cumplirse parámetros específicos como la relación entre precio de la vivienda e ingresos; además, las ciudades deberán demostrar que el alquiler vacacional ha tenido un impacto negativo significativo en la asequibilidad o disponibilidad de vivienda durante al menos los últimos tres años. El reglamento establece claramente que no se aplicará a los arrendadores que alquilen a corto plazo su residencia principal.
La Comisión Europea también sugiere a los Estados miembros liberar suelo y reformar los procesos de planificación y construcción para aumentar la oferta.
La contraofensiva del sector de plataformas
El grupo de cabildeo CCIA Europe, que representa a plataformas como Airbnb, lanzó rápidamente su ofensiva. Su director de políticas, Alexandre Roure, criticó en un comunicado la falta de mecanismos de revisión independientes en la propuesta, señalando: "Sin supervisión independiente ni recursos efectivos, esta propuesta se convertirá en un 'tigre de papel', dejando medidas restrictivas desproporcionadas que minarán la seguridad jurídica que la Ley de Vivienda Asequible debería proporcionar".
Esta declaración revela de por sí la asimetría de fuerzas en el pulso: por un lado, gobiernos locales electos que intentan recuperar el control regulatorio básico sobre el mercado de la vivienda; por el otro, plataformas con abundantes recursos financieros, con presencia en múltiples países y con su permanente maquinaria de cabildeo en Bruselas, que recurren de forma continua a herramientas legales y de opinión pública para debilitar cualquier intervención pública que comprima su espacio de beneficios. Cuando el sector de plataformas se opone a la regulación local en nombre de la "seguridad jurídica", lo que realmente defiende es la libertad de expansión de su modelo de negocio, una expansión que constituye precisamente uno de los motores importantes de la crisis de la vivienda.
Cláusulas pendientes
La legislación aún requiere la aprobación de los legisladores europeos y de los Estados miembros, por lo que tanto las disposiciones finales como el grado de aplicación están sujetos a variaciones. Incluso si se aprueba la ley, los parámetros concretos para la determinación de las "zonas de presión habitacional" aún deben concretarse, y el alcance real de la regulación local sigue sin estar claro; ante los persistentes desafíos legales y la presión de opinión pública por parte del sector de plataformas, si la nueva normativa logrará realmente atacar las raíces estructurales de la mercantilización de la vivienda sigue siendo una cuestión abierta.
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