La administración Trump presiona al Smithsonian y disputa la interpretación de la historia de EE. UU.
La administración Trump exige al Smithsonian que cambie la forma de presentar la historia de EE. UU., con el propósito de influir en la memoria pública mediante el poder ejecutivo. Las informaciones disponibles no prueban que exista una relación causal entre la salida del responsable de la institución y las presiones, pero ya evidencian la asimetría de poder entre el gobierno y las instituciones culturales públicas.
Según informó el 8 de septiembre el canal en inglés de Al Jazeera, el responsable del Smithsonian anunció su salida, mientras esta institución cultural estadounidense sufre presiones de la administración Trump para que modifique la manera en que presenta la historia de EE. UU. La información no explica los motivos de la salida del responsable, ni demuestra que exista una relación causal entre esa decisión de personal y las presiones gubernamentales; vincular directamente ambos hechos excede la evidencia disponible.
Lo que realmente debe perseguirse son las interferencias políticas ya documentadas. La administración Trump, que controla los recursos ejecutivos, exige al Smithsonian —encargado de la exhibición de la historia y de funciones de educación pública— que ajuste la presentación de la historia nacional. Esto no es una diferencia común de política cultural, sino un intento del gobierno de influir en cómo las instituciones públicas interpretan el pasado y qué historia accede al espacio público.
Esta relación de poder no es simétrica. El Smithsonian debe elegir entre mantener su autonomía narrativa y soportar las presiones gubernamentales, mientras quien presiona no asume riesgos institucionales equivalentes. Aunque el canal en inglés de Al Jazeera aún no haya revelado las exigencias concretas ni los medios de presión, la intervención gubernamental en la presentación histórica ya reduce, de por sí, el espacio de las instituciones culturales para desempeñar sus funciones públicas.
Las consecuencias recaen sobre los visitantes, que dependen de las instituciones públicas para comprender el pasado del país. Cuando la exhibición histórica tiene que plegarse a las preferencias políticas del gobernante, lo que el público encuentra puede dejar de ser una narrativa organizada autónomamente por la institución cultural y convertirse en una imagen nacional filtrada por el poder. La administración Trump debe asumir la responsabilidad principal de esta intervención: la parte con mayor poder que aprieta activamente el espacio interpretativo de las instituciones culturales públicas no solo daña la autonomía del Smithsonian, sino también el derecho del público a conocer la historia sin quedar sujeto a la voluntad del gobierno de turno.
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